Gracias!


Cada fin de año es el escenario perfecto para vivir en primera persona y escribir sobre uno de mis temas de vida favoritos, el final que tan generosamente da paso siempre a un nuevo comienzo. Así, inevitablemente y tan sutilmente que una no sabe dónde acaba un instante y donde empieza el otro…tan mágicamente entretejido como sólo la madre vida sabe hacerlo…un eterno Renacer…
Y es tan fundamental este sinfín de renaceres para que la vida ocurra y transitemos por ella en esa increíble aventura de instantes encadenados que grabarán a fuego en nuestra alma toda la gama de colores del género de  experiencias, sensaciones y emociones que la harán crecer más y más mientras esté encarnada en nuestra poderosa biología…tan fundamental que conforma ya de manera amorosa y natural el regazo sobre el que sostener de manera vital y humanamente respetuosa cualquier proceso profundo psicoterapeutico y simplemente humano. Para mí, como terapeuta , acompañante y facilitadora incondicional un básico sin precedentes. Y como persona…uf…me faltan casi las palabras para expresar lo que ha aportado a mi vida integrar de manera tan profunda y auténticamente humana esta dimensión tan cíclica y diaria de la vida y la muerte. Pero entre muchas cosas, puedo decir y sentir y vivir que ha regalado a mi existencia una coherencia y completud que juntas y de semejante intensidad sólo puedo identificar como: GRATITUD Y GOZO DE VIVIR, sea cual sea el instante que toque vivir en cada momento…bien desde el miedo, el enfado, la alegría o la tristeza…todas ellas miradas diferentes de una misma cosa preciosa, que es la vida, en función de mi estado interior.
Desde este estado y vivencia profunda de lo cíclico que hay en mí y de que nada permanece más que la propia vida a través de sucesivas y necesarias muertes, muero al 2019 y renazco al 2020 profundamente agradecida a todas las personas que me habéis permitido acompañaros en vuestra propia transición de vida durante todo este año pasado y a las que me habéis escogido para hacerlo además en los rituales de solsticio de invierno en el bosque…ha sido un auténtico regalo para el alma, que aún estoy saboreando…
GRACIAS!
Vamos a por un ciclo sin fin más de la mano del texto más hermoso y fiel que jamás leí en torno al bello proceso de muerte y eterno renacer que es la vida y somos:

LAS HOJAS NO CAEN, SE SUELTAN…

«Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.

Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae” sino que llegado el escenario del otoño inicia la danza maravillosa del soltarse.

Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.

Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría: la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.

La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.

La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.

Cada hoja al aire que me está susurrando al oído del alma ¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!.

Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y libertad.

Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.

Reconozco y confieso públicamente, ante este público de hojas moviéndose al compás del aire de la mañana, que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas.

Tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote.

¡Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes, con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados, con este entorno ya conocido…

Quiero, en este tiempo, sumarme a esa sabiduría, generosidad y belleza de las hojas que “se dejan caer”.

Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe, confianza, esplendidez y donación.

Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia consciencia y libertad, el desprenderse   de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso.

Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor.»

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Texto original de José María Toro, extraído del libro «La Sabiduría de Vivir»

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